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martes, 2 de febrero de 2021

DIÓGENES DE SÍNOPE: EL GRAN AGITADOR DE CONCIENCIAS

Repasamos la vida y la obra de uno de los nombres más curiosos y lapidarios de la historia de la filosofía: Diógenes de Sínope. Revolucionario y provocador, Diógenes es uno de los grandes personajes de la historia, cuyas correrías y anécdotas han sido tales que han terminado por ocultar el movimiento del que formó parte: el cinismo.



Diógenes nació en Sínope, colonia griega en la actual Turquía que, dice la leyenda, había sido fundada por Autólico, uno de los argonautas y compañero de Heracles (Hércules). En dicho enclave vio la luz Diógenes en el 412 a. C. y pronto empezó a demostrar que tenía una peculiar visión del mundo. Hijo del banquero Hicesias, padre e hijo fueron exiliados de Sínope por falsificar moneda, algo que, lejos de tomárselo como una afrenta, Diógenes defendió con orgullo.

Comienzo de una vida filosófica

Ya fuera de su tierra natal, recayó en Atenas, donde se sintió atraído por un filósofo que también tendría el honor de pasar a la historia: Antístenes, primer discípulo de Sócrates y padre de la filosofía que conocemos como cinismo. Según las explicaciones que nos facilita el historiador Diógenes Laercio en sus Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres –por la que conocemos la mayoría de las historias de nuestro protagonista–, Antístenes rechazó al joven una y otra vez, pero, ante la insistencia de Diógenes, terminó claudicando y aceptándolo como discípulo. Lo que en ese momento probablemente no sabía es que sus enseñanzas acerca de una vida de austeridad extrema y alejada de las normas sociales serían llevadas por su nuevo discípulo a unos extremos inigualables. De esta manera, Diógenes terminaría siendo el cínico más famoso de la historia. Discípulo de Antístenes, Diógenes terminó siendo el cínico más famoso de la historia

Los cínicos valoraban la pobreza como una virtud y Diógenes quiso llevarla a su máxima expresión. No la pobreza por la pobreza, obviamente, sino como ejemplo de independencia, pues para ellos no había nada más valioso que el hombre que podía vivir solo con lo justo y necesario. Esa fue la piedra angular del pensamiento de Diógenes, y la tomó al pie de la letra. Como hogar se buscó una tinaja de barro; vistió día y noche el mismo manto sucio y raído; caminó descalzo tanto en invierno como en verano y como equipaje no tenía más que un báculo (un bastón), un zurrón y un cuenco para comer…hasta que un día vio a un niño bebiendo directamente con las manos y tiró su cuenco, al pensar que era un lujo innecesario. Una pequeña muestra del tipo de personaje con el que nos jugamos las cartas.

Superfluo = Innecesario

Para Diógenes no había término medio. Todo aquello que no fuera necesario era superfluo, y todo lo superfluo, por consiguiente, un lastre para alcanzar la plenitud de la vida. Aquello que no era para él una necesidad vital acababa abandonado o erradicado (en el caso de que fuera algo no material, como los sentimientos). Su objetivo era bien claro: deshacerse de todo deseo que degenerara en dependencia. Pero la gracia está en que esa disciplina feroz consigo mismo no acababa en su propia persona, sino que desarrolló la voluntad de señalar esas faltas también en los demás, y eso es lo que lo convirtió en uno de los personajes más fascinantes, revolucionarios e irónicos de la antigua Grecia.

Diógenes veía en el mundo de su época un verdadero problema moral, pues la gente, en lugar de forjarse a sí misma y valorar su opinión propia respecto al bien y el mal, prefería actuar en función de qué era lo que los demás opinaban y cómo esas opiniones de terceros podían afectarles. Vivían, por así decirlo, de cara a la galería. Diógenes se pasaría el resto de su vida demostrándoles por qué eso era una estupidez.

“El único medio de conservar el hombre su libertad es estar dispuesto a morir por ella”

Una historia llena de historias

Las anécdotas de Diógenes no tienen parangón en el mundo de la filosofía. El único rival digno es el otro discípulo de Sócrates, Aristipo (padre de la hedonista filosofía cirenaica), y esto es así porque ciertas historias se cuentan tanto desde el punto de vista de uno como del otro. Una de las costumbres que tenía Diógenes y que molestaban de sobremanera a la sociedad griega de su época era su manía de masturbarse en público. Tal cual. Un día, mientras lo hacía en mitad del ágora rodeado de gente, unos hombres le recriminaron su actitud, a lo que él respondió sin reparo alguno:

“¡Ojalá pudiera matar también el hambre frotándome el vientre!”. Diógenes no veía nada malo en su actitud. Más aún, se enorgullecía de no necesitar a nadie para calmar sus ansias sexuales. Era el campeón de la autarquía.

Provocador nato

En otra ocasión, alguien tuvo el detalle de dejarle un candil junto a su tinaja por la noche, para que pudiera ver en la oscuridad. Pero dicho personaje sabía poco de Diógenes, quien no tenía ningún interés en tener un solo trasto más de los necesarios, de manera que empezó a usarlo como instrumento de provocación. Le dio por pasearse por las calles de Atenas candil en mano gritando que buscaba a un hombre “justo”, y en su ansia por incomodar, un día tomó la decisión de ponerse a buscar un hombre así en el teatro… intentando entrar cuando todos salían. Ante los reproches y las dudas que despertaba su manera de actuar, respondió: “Así sentirán en su propia piel lo que es vivir de la manera que yo lo hago”. Siempre a contracorriente.

Este “Sócrates delirante”, como lo llamaba Platón, se encontró un día con el ya citado Aristipo (de hecho, esta historia se cuenta también al revés, desde el punto de vista del hedonista), mientras Diógenes comía un plato de gachas. Aristipo, que tenía por costumbre lisonjear y vivir a costa de nobles y gobernantes, le preguntó con sorna si no sabía que solo con adular un poco a ciertos prohombres de la polis podría dejar de comer gachas. Diógenes le espetó: “Si tu comieras gachas, también podrías dejar de adular y mendigar”.

No solo los filósofos eran el blanco de sus ácidas frases, sino también el resto de los ciudadanos. Un día fue invitado a casa de un hombre rico, que no paró de hacer referencia al lujo y la limpieza de su hogar. Ni corto no perezoso, Diógenes le escupió un gargajo en plena cara y, como defensa, arguyó que era el único sitio sucio que había visto para hacerlo. En otra ocasión, asistió a un certamen de tiro con arco, en el que participaba un joven realmente malo que no conseguía dar nunca en la diana. Diógenes decidió que lo mejor era sentarse junto a esta, después de manifestar que le parecía que era el sitio más seguro.

“Probablemente los asnos se rían de ti, pero no te importa. Así, a mí no me importa que los hombres se rían de mí”
No perdía su ironía ni en los peores momentos. En cierto momento de su vida, fue hecho prisionero para ser vendido como esclavo y cuando sus captores le preguntaron qué era lo que sabía hacer, respondió: “Sé mandar. Mira a ver si alguien quiere comprar un amo”.

Pero puede que la más genial y famosa fuera la que le dedicó nada más y nada menos que al todopoderoso Alejandro Magno. Estaba el emperador paseando por la ciudad con su séquito cuando se encontró a Diógenes, que descansaba tumbado en mitad de la calle. El emperador, conocedor de su fama y genio e intrigado por su curiosa visión de la vida, le ordenó que le pidiera aquello que más deseaba, que él lo haría realidad.

La respuesta de nuestro protagonista no tuvo desperdicio: el sol. Ante el asombro de Alejandro, Diógenes le matizó su respuesta: “Apártate, me tapas el sol”. Mientras que el séquito del emperador prorrumpía en carcajadas e insultos contra el filósofo, el joven pero inteligente rey de Macedonia (quien había sido discípulo de Aristóteles) quedó sumamente impresionado por la coherencia del errabundo personaje, pues dejaría dicho para la posteridad: “Si no fuera Alejandro, querría ser Diógenes”.

Los últimos años de Diógenes

Como esclavo, Diógenes terminó recayendo en la ciudad de Corinto, donde fue comprado por el noble Jeníades, el cual conocía su fama. Por ello, tomó la decisión de comprarlo para que fuera el tutor de sus hijos, dándole también la libertad. El sabio aceptó la oferta y se puso manos a la obra: obligó a los pequeños a caminar descalzos (como él), a vestir siempre la misma ropa (como él), a comer frugalmente (como él), a beber sólo agua (como él) y a raparse el pelo. Les enseñó a vivir, fundamentalmente, como auténticos cínicos. Pero no solo vigiló sus hábitos, también instruyó magníficamente sus mentes, haciéndoles aprender de memoria pasajes enteros de los más grandes sabios y poetas de la época, además de enseñarles a montar a caballo y a manejar el arco y las flechas.

Y los jóvenes, pese a la rigidez de su maestro, no solo no renegaron de él, sino que le tuvieron gran cariño. La prueba es que nunca abandonó su hogar, muriendo en la ciudad de Corinto en el 323 a. C. con nada menos que 89 años. Dedicó toda su vida al autocontrol y nadie puede negar que lo consiguió, a fin de cuentas, como él decía, “todo puede conseguirse con esfuerzo, incluso la virtud”.

Un síndrome que no es el suyo

Llama la atención que hoy, cuando se habla del desorden psicológico conocido como ”síndrome de Diógenes”, nos referimos a un trastorno que nada tiene que ver con su vida. Esta alteración de la conducta se caracteriza por la acumulación de forma compulsiva de todo tipo de materiales, especialmente basura, de manera que los que lo padecen suelen terminar viviendo en condiciones infrahumanas e insalubres por acumulación de enseres.

No deja de tener guasa que le dé su nombre Diógenes de Sínope, un hombre que no es que no acumulara cosas, sino que despreciaba casi todo. Diógenes no tenía posesiones y defendía justamente lo contrario de este síndrome: despojarnos de todo aquello que fuera innecesario para poder vivir la vida del modo más libre de ataduras posible. 

martes, 26 de enero de 2021

LA ORGANIZACIÓN DE UN TEATRO GRIEGO

Hoy en salseo griego, que por cierto, si quieren más salseo griego, esperen los próximos capítulos del podcast. Acá les dejo el enlace:

LA ORGANIZACIÓN DE UN TEATRO GRIEGO
Empecemos con una fase importante de la historia de la Antigua Grecia donde el teatro, andaba en todo su esplendor.


La Época Arcaica es una fase cronológica de la historia de la Antigua Grecia que se extiende aproximadamente entre el 750 y el 490 a.C., y que supone el momento decisivo de formación de los grandes logros alcanzados por la civilización griega a nivel político, cultural e intelectual en los siglos posteriores.
Obviamente, no todo fue prosperidad y desarrollo en la Época Arcaica, ya que las guerras, no solo de unas Ciudades-Estado con otras sino también en el seno interno de las mismas, se hicieron cada vez más frecuentes.
No obstante, a nivel general podemos decir que la Época Arcaica de la Antigua Grecia fue un periodo en el que los ciudadanos vivían juntos en un estado de relativa paz, armonía y prosperidad. Y es aquí donde nace o bueno, tiene su auge el teatro y vamos a introducirnos en este salseo griego.

EL CORO EN EL TEATRO GRIEGO
Una de las diferencias que presenta el teatro en sus primeros tiempos de vida con el teatro de la actualidad es que, al haber al principio, como mucho un actor que representaba mientras el coro cantaba, este actor seguramente tenía que hacer varios papeles, es decir, interpretar varios personajes al mismo tiempo.
La introducción de nuevos actores, personajes y acciones, y la disminución de la importancia del coro y la parte cantada en las obras fue una consecuencia gradual y proporcional según fue avanzando el teatro y apareciendo los grandes autores clásicos, como Esquilo, Sófocles y Eurípides.
En los tiempos en los que el coro tenía el mayor peso de la representación, éste tenía que llevar a cabo multitud de tareas en escena, relacionadas todas con la parte cantada o recitada, o algunas acciones rituales.


Por ejemplo, el coro tenía una función muy importante, la de llevar a cabo invocaciones, rezos, plegarias y oraciones para pedir la aparición de héroes muertos, la presencia de algún dios, etc.
También, a medida que los actores aumentaban su relevancia, el coro a veces hacía de narrador, exponiendo al público lo que iba sucediendo o iba a suceder, o incluso interactuando con el/los actores para advertirles de lo que les esperaba. Además, podían realizar procesiones, ofrendas, o distintas formas de entretenimiento para lo que dura el entreacto.
LOS ESPACIOS DE REPRESENTACIÓN EN EL TEATRO GRIEGO
En lo que se refiere al espacio de representación teatral, es obvio que la construcción de los mejores ejemplos del teatro griego que conocemos en la actualidad no se construyeron desde un primer momento. Los espectáculos de ditirambo actuaban al aire libre, y sin ningún tipo de escena que diferenciara su espacio de representación del espacio del público que se reunía a su alrededor para verlos.
Ya en la época clásica griega, el teatro tenía una primera composición hecha a base de madera. Fue a posteriori cuando se pensó en la ubicación del teatro en una zona de confluencia de dos colinas en cuyas laderas se situaría el auditorio, o theatron.
En la parte baja de este auditorio se situaría la llamada orquesta, de forma circular, la cual, ya en el siglo V a.C. ocupaba las tres cuartas partes de la parte abrazada por el auditorio. Más allá de la orquesta, al fondo, se situaba un alto muro que servía para colocar la decoración y ornamentación de la obra, y para ocultarse los actores y todos sus bártulos mientras no estaban en escena.
Además, este muro, conocido como skené, también estaría reservado a la actuación de las personas que hacían de dioses.
Actuaban a cierta altura de donde estaba el resto de la representación para simbolizar el carácter divino y superior de los dioses con respecto a los mortales.
A medida que el teatro y las representaciones teatrales fueron evolucionando, los actores fueron retrasando espacialmente su lugar de interpretación, desde la orquesta hasta el proscenio, es decir, el espacio entre la orquesta y lo que era esta skené.
VESTUARIO, UTILERÍA Y ESCENOGRAFÍA
En lo que se refiere a cuestiones relacionadas con la decoración y la maquinaria utilizada como acompañamiento del trabajo de representación de los actores, hay que mencionar sobre todo la función ornamental que cumplía la skené.
La evolución de la decoración pasó desde no usar nada y dejar a la imaginación todo lo que no pudiera ser representado por los actores, como los lugares físicos, a, en los tiempos de Esquilo, representar distintos lugares, como palacios, fortalezas, etc, con distintos telones de fondo y la ayuda de determinados bastidores, denominados periactois, colocados en los laterales de lo que sería el proscenio.
La decoración y los efectos visuales llegaron ya a su máximo apogeo en los tiempos de Eurípides, cuando plataformas móviles, determinados arnés para elevar a personajes, y escaleras, platillos y efectos ópticos acompañaban la representación, otorgando un carácter mucho más realista y espectacular a ésta.
La evolución del vestuario y las máscaras usadas por los actores pasa por un proceso similar, desde las primeras máscaras de barro u otros productos que se aplicaban los griegos en la cara para dejar de tener los atributos faciales de ellos mismos y poder interpretar a otro, a las máscaras de gran realismo emotivo que fabricaban los artesanos expresamente para estas representaciones teatrales.
El ocultarse la cara con una máscara, aunque en la actualidad sea considerado como un acto contraproducente porque no refleja la gran teatralidad de los rostros, entre los griegos era un acto omnipresente, pues ocultaban los rasgos faciales que definían al actor y posibilitaban un mayor realismo a la hora de interpretar su personaje.
Además, hay que añadir la ventaja de que el uso de máscaras mejoraba el tránsito entre personajes para los que tenían más de uno, bastaba con cambiarse de máscara. Uno de los complementos de utillería y vestuario más usuales que encontramos, sobre todo entre los actores de tragedias, son los llamados coturnos, una especie de zancos sobre los que se alzaban los actores para aparentar ser mucho más altos.
Esta pretensión al gigantismo podía ayudar a simbolizar jerarquías entre los personajes, y ayudaba a hacer más visible el personaje ante todo el público. En cuanto al vestuario en sí mismo, los griegos contaban con túnicas cortas y medias, además de mantos, similares a los que se usaban en la vida corriente.
Con los colores se llevaba a cabo la parte simbólica que representaban los personajes puesto que, por ejemplo, el personaje que hacía de rey llevaría colores como el púrpura, mientras que los personajes de luto llevarían colores oscuros, tal como se concibe en la actualidad.

miércoles, 20 de enero de 2021

LO QUE DEBES SABER SOBRE EL HELENISMO, LA RELIGIÓN DE LA ANTIGUA GRECIA

El Helenismo es el nombre dado recientemente a la religión originaria de la Antigua Grecia, que adopta como sistema de culto el politeísmo, cuya principales deidades son Zeus (identificado como Dios supremo) y el resto de los dioses olímpicos. El sistema de teología politeísta es conocido como dodecateísmo: doce dioses.



Floreciente durante el período arcaico y clásico, y difundido en todo el ámbito mediterráneo, el helenismo no es una religón revelada, por lo cual sus escritos sagrados solamente lo son en función de su antigüedad y valor literario; pero no resultan normativos.

Entre las principales obras que reflejan el espíritu y las creencias del helenismo se encuentran los poemas de Homero y de Hesíodo, como ya testimonian Heródoto y Platón.

HESÍODO

La Teogonía (siglo VIII a. C. ) de Hesíodo explica el origen del Cosmos (una cosmogonía que parte del concepto de eternidad de la materia) de los dioses y de los seres humanos. El mismo autor, en LosTrabajos y los Días, un texto de tipo gnómico, menciona a las edades de la Humanidad y relata el mito de Pandora.

HOMERO

Los himnos de Homero, que glorifican a ciertos dioses y enumeran sus hechos, son un testimonio de la religiosidad helénica en los comienzos de la era Clásica. En los mitos que relata se manifiestan los atributos y las acciones de los dioses y las diosas; los filósofos posteriores construyeron a partir de ellos sus diferentes teologías. Las dos obras más conocidas de Homero son, sin dudas, la Ilíada y la Odisea. Allí dioses y humanos interactúan en el contexto de la guerra y la navegación, y se enuncian los valores supremos de la cultura y la religión helénicas; la moderación, la hospitalidad y la excelencia.

EXÉGETAS

Los sofistas y filósofos posteriores se consideran parte de la literatura religiosa helénica, si bien siempre considerando que no se trata de obras que deban ser aceptadas al pie de la letra.

Pitágoras, Sócrates, cuya enseñanza fue oral, Platón y sus sucesores de la Academia, Plotino y Jámblico pueden ser considerados intérpretes de la religión helénica. Todos ellos interpretan las obras de Hesíodo y Homero, como también el amplio corpus de la mitologa griega, para sacar conclusiones sobre el Cosmos y los dioses, pero sobre todo acerca de la manera de vivir de los humanos. En un registro más cercano a la teurgia se pueden mencionar a Apolonio de Tiana y al anónimo autor escondido bajo el apelativo de Hermes Trismegisto.

MISTERIOS

Además de los textos escritos, la religión helénica se basaba en prácticas de culto y enseñanzas orales. De ellas las principales, que combinan ambos aspectos, son los llamados misterios: ritos secretos y reservados a unos pocos en los cuales se podia entrar en contacto directo con el mundo divino. Los misterios eleusinos, los de Samotracia y los rituales órficos son los más conocidos; si bien su secreto se ha perdido. Los helenistas actuales, en base al estudio de los escritos antiguos, la religión comparada y, según algunos, la tradición oral, intentan recuperarlos como elemento central de su religión.

HISTORIA

Los orígenes de esta religión pueden remontarse al período neolítico, 6000 a. C.​, época en que los antiguos moradores ya rendían culto a deidades que pueden ser consideradas el origen de las olímpicas, aunque algunos historiadores prefieren situar el comienzo de la veneración de estos dioses a partir de las civilizaciones minoica y micénica (era del bronce), en torno al año 3500 a. C.,​ y se constituyó en una de las marcas de identidad entre todos los griegos junto con la lengua, las instituciones, las ciencias y las artes.

ÉPOCA ARCAICA Y CLÁSICA

La religión, concepto inexistente en esos tiempos de la Antigua Grecia, se estructuró durante la Época Arcaica (siglos VIII- VI a. C.) en torno a una organización política particular: la polis. Se trata pues de una serie de rituales y prácticas eminentemente públicas y sociales. Junto a esta “religión oficial”, existían los cultos y creencias particulares, las sectas y las variantes locales, a veces sincréticas.

No obstante, los caracteres esenciales de la religión griega arcaica y clásica eran comunes: politeísmo, con dioses antropomórficos provistos de atributos y poderes específicos, con espacios propios de intervención. El griego concebía al Cosmos como un espacio habitado por lo divino, innumerables dioses y semidioses que poblaban el mundo. De estos, sin embargo, los doce olímpicos, eran los más importantes y poderosos. Cada dios o diosa podía ser invocado bajo diversos aspectos en función del lugar, del culto y de la función que cumplía, representados en los epítetos cultuales (epíclesis) que señalaban su naturaleza y ámbito de intervención; por ejemplo, Zeus Kéraunos (tonante), Polieo (guardián del orden político, de la polis), Horkios (garante de los juramentos y de los pactos), Ktésios (protector de la propiedad), Herkeios (guardián del cercado, del redil), Xenios (protector de los huéspedes y de los extranjeros).

En la sociedad griega, como en sus contemporáneas, la religión estaba presente en forma de ritos y prácticas en la vida familiar, pública, artística y social; no existía una clara diferencia entre lo “laico” y lo “religioso”, aunque sí entre sagrado y profano. No obstante, las ceremonias de la vida familiar, social y política presentaban casi siempre un aspecto religioso.

PROHIBICIÓN

El culto de la práctica de las deidades olímpicas terminó formalmente por orden del emperador romano Teodosio, en el siglo IV de nuestra era, al promulgarse el Edicto de Tesalónica el 27 de febrero de 380 d. C., tras la ocupación del cristianismo al poder de Roma. Por esta ley imperial se prohibían todas las religiones étnicas, bajo pena de muerte; las llamadas por ellos paganas, y se establecía al cristianismo como única y obligada religión en toda la extensión del imperio romano. Todos los templos y monumentos griegos fueron destruidos o sepultados por este edicto, y con ellos se perdió también gran parte del material de las escrituras religiosas. Muchos de ellos hoy se siguen desenterrando y reconstruyendo.

DIÁSPORA

El medio interreligioso Patheos habla de una diáspora helénica, que sufrió Grecia a partir de ese año (380 d. C.), tras la prohibición del culto a los dioses olímpicos, y la posterior persecución en manos de los emperadores romanos (que ya no eran politeístas, sino cristianos), como ocurriera también con los judíos.

Si bien es cierto que el Helenismo como religión había desaparecido, no así sus fieles, que por siglos siguieron cultivándose a oscuras de la mirada del poder de Roma y del cristianismo. Entre ellos se encuentran los padres del Renacimiento, Pletón, neoplatónico, y Jorge de Trebisonda, neoaristotélico.

Esta prohibición del helenismo rigió en el territorio griego por casi 1700 años, hasta el siglo XXI. Unos años antes, a finales del siglo XX resurgió como movimiento religioso, centrándose en las creencias y prácticas de la Grecia Antigua, así como en la recuperación de sus tradiciones, virtudes y valores.

En 2017 fue reconocida oficialmente por el estado griego como religión, por lo que se dejó de aplicarle el rótulo de paganismo.

POLITEÍSMO

La religión de la Grecia Clásica era politeísta y fue practicada en el área del Mar Egeo. Es la continuación de las tradiciones de la Edad de Bronce Final, el Periodo Micénico y el Arcaico. Desde el siglo IV a.C., evolucionó como una religión helénica dominada por la tradición de los cultos mistéricos y cultos órficos.

El culto de los antiguos helenos se extendió por la Península Griega, es decir, por todo el mar Egeo, las islas y costas de Jonia en Asia Menor (hoy Turquía), por Magna Grecia (sur de Italia, especialmente Sicilia) y las colonias en el Mediterráneo Oriental, norte de África, costas de España y Francia, la península balcánica, hasta el mar Negro en Asia, donde floreció este culto hasta Crimea. Durante el período helenístico, siglo IV a.C. el culto se extendió espontáneamente sin imponerse de manera forzada, hacia los territorios conquistados por Alejandro Magno, en Egipto (donde se fusionaron las divinidades greco-egipcias, dando lugar al “alexandrismo”), Persia, Asia central, hasta India, donde se sincretizaron también sus deidades con las griegas, allí se hallaron restos arquelógicos que fusionan al dios Apolo con Buda. Si bien algunas prácticas religiosas variaban de un lugar a otro, los pueblos comprendían las similitudes entre sus deidades y los dioses olímpicos. Para la mentalidad de los griegos los cultos religiosos eran algo que se podían expresar de manera libre, lo profano era prohibirlo o imponerlo.

TEOLOGÍA/MITOLOGÍA

La teología y la mitología formaron siempre parte integrada al arte, la filosofía, la literatura y la arquitectura, en la que sus prácticas contenían relatos, imágenes y descripciones de dioses y héroes griegos. La Teogonía, de Hesíodo, nos ofrece el mito de la creación y una amplia genealogía de los dioses griegos. ​

Hesíodo transcribió que la batalla final contra los titanes fue ganada por los dioses Olímpicos, y se hizo una división de los órdenes de la Tierra en tres reinos. Lo que se conoce como trinidad: A Zeus (considerado Dios supremo), le correspondió el Cielo, y a sus hermanos, Poseidón el Mar, y a Hades el Inframundo. De ellos se desprende la genealogía total de los restantes dioses, que son considerados sus hijos, y llamados theos, todos de distinta descendencia materna.

ADORACIÓN

El acto público de adoración más extendido en la Antigua Grecia era el sacrificio, tanto de semillas como de sangre de animales sacrificados. Los seguidores de varios dioses sacrificaban animales específicos para el dios o diosa que estaba siendo adorado. Los sacrificios tenían múltiples funciones: efectuar un sacrificio como punto culminante de un festival religioso y público, antes de una tarea importante para conseguir la atención de los dioses o como parte de un rito de paso.

Los templos de la religión helénica generalmente no eran locales de asamblea pública donde el pueblo se encontraba socialmente para rezar colectivamente dentro de las paredes. La mayoría de los templos tenían solamente una imagen de culto y un almacén de ofrendas votivas que podía llegar a una cuantía equivalente a un tesoro.

Las ofrendas votivas eran ofrecidas a los dioses por sus adoradores. En la mayoría de los casos se daban en agradecimiento por los beneficios concedidos por los dioses, en anticipación de los favores divinos futuros o para recibir consejos de los oráculos del dios o la diosa. También se hacían ofrendas para pedir perdón a los dioses por los crímenes de sangre, impiedad o violación de las costumbres religiosas. Las ofrendas se mantenían durante un tiempo en el santuario y después se retiraban ritualmente.

Los politeístas helénicos adoran a los antiguos dioses, incluidos los Olímpicos, divinidades de la naturaleza, dioses del submundo y héroes. Tanto antepasados físicos como espirituales son adorados. Es una religión votiva o devocional basada en el cambio de ofrendas con el fin de obtener la bendición de los dioses. Las convicciones éticas del politeísmo helénico moderno están muchas veces inspiradas en las virtudes del antiguo griego, tales como la reciprocidad, la hospitalidad y la moderación.

No existe ninguna institución religiosa o “iglesia” central organizada, aunque los fieles ofrecen entrenamiento en ese ámbito. Los que practican la religión en solitario suelen aprender sobre la religión y los dioses a través de fuentes primarias o secundarias sobre la antigua religión griega y de la experiencia personal con los dioses. El principal valor del Helenismo es la ‘eusebeia (piedad), que implica un compromiso en relación a la adoración de los dioses helénicos y práctica de las creencias religiosas. Otros valores importantes son la hospitalidad, el autocontrol y la moderación.

El sacrificio religioso no implica sacrificios humanos, mas sino el propio sacrificio personal, y puede ser un componente de una ceremonia breve o extensa. Las ceremonias son las garantes de la cohesión social, permitiendo acercar los grupos de una misma comunidad, a varias escalas (familia, fratría, tribu, demo, polis).

Entre las ceremonias más importantes de los griegos estaban los misterios de Eleusis. Dos veces al año, con ocasión de los pequeños misterios y de los grandes misterios, se rendía culto a Deméter, diosa de la agricultura y de las mieses. Las procesiones y el sacrificio de cerdas precedían a los rituales rigurosamente secretos en el telesterion, donde los iniciados (mista) adquirían el conocimiento de las revelaciones y obtenían la garantía de una vida tras la muerte. Según la tradición, los sacerdotes Celeos y Triptólemo habrían implantado este culto a petición de la diosa. La fuente más documentada sobre estas celebraciones se halla en el Himno homérico a Deméter.

Otro santuario de misterios importante era el de los grandes dioses en Samotracia.

El helenismo es un movimiento cultural que resurgió en la era posmoderna, activo en Grecia y en otras zonas del mundo, particularmente en Europa (España, Italia y Francia) y América (Estados Unidos, México, Brasil y Argentina). El fenómeno helénico presenta recuperaciones muy variadas, en particular antropológicas, sociológicas y religiosas. que lleva consigo determinadas ideas sociológicas y antropológicas que cubren varios campos de la visión humana del mundo, de la valorización de la figura femenina en la sociedad y una idea de política muy similar a la de la Grecia antigua, aunque con una participación mas igualitaria que por ejemplo en Atenas.

EL ENCIERRO DE SYLVIA LIKENS

El morbo se conjuga con una reacción de hipersensibilidad en el cuerpo. Frente a la pantalla no hay quién no se horrorice por lo visto. En u...